Regulación de las tarjetas de prepago

Regulación de las tarjetas de prepago

Las tarjetas de prepago entraron al debate de las políticas públicas hace más de seis años. Se pensaba que este instrumento podía contribuir positivamente a la inclusión financiera en nuestro país, pero ha pasado un largo tiempo y todavía no vemos tarjetas emitidas.

Ello invita a una reflexión sobre cómo se formula la regulación financiera en nuestro país, teniendo presente que los cambios proceden con creciente rapidez. A propósito, es pertinente recordar que cuando se comenzó a hablar en serio de este tema, surgió un debate sobre si se requería una aprobación legal o si se podía dictar un reglamento sobre la base de potestades vigentes.

La verdad es que la tanto la Ley de Bancos como la Ley Orgánica del Banco Central contemplaban y contemplan facultades en el campo de los medios de pago. Aun más, esas facultades han sido ejercidas, como ocurrió, por ejemplo, cuando se establecieron regulaciones para las tarjetas de crédito de las casas comerciales. Por lo tanto, existían precedentes, e incluso jurisprudencia de los tribunales de justicia que lo reafirmaban.

Sin embargo, se optó por introducir una reforma legal que explicitara facultades y que evitara cualquier doble interpretación sobre la materia. Ciertamente, la crisis de La Polar, que provocó críticas al accionar de las autoridades, condujo a que se prefiriera un camino exento de riesgos.

Pero comprar seguridad tiene costos y en este caso no han sido menores. Lo que se visualizaba en su momento como un gran proyecto en el campo de los medios de pago, aparece hoy como una iniciativa con alcances bastante limitados o acotados. Esto se explica, principalmente, porque el mundo de los medios de pago experimentó cambios muy significativos justamente mientras se procedía a establecer las regulaciones que serían aplicables a las tarjetas de prepago. Dos ejemplos. Primero, BancoEstado impulsó y masificó la CuentaRut, la que opera como una verdadera tarjeta con provisión de fondos. Y segundo, muchos emisores de tarjetas de establecimiento comerciales entraron en alianzas con bancos. Como resultado de estos y otros desarrollos, el escenario cambió completamente.

Todo ello deja lecciones que deben ser aprendidas. La principal es que la regulación financiera debe seguir mucho más de cerca los desarrollos del mundo real. Para hacerlo, la legislación debe circunscribirse a los principios, las directrices y las facultades que se le entregan a las autoridades financieras. Los detalles, las normas específicas y los reglamentos deben ser dictados por los reguladores, los que deben ejercer sus potestades con flexibilidad y prontitud, de manera de encauzar adecuadamente la innovación y el desarrollo financiero. Si ello no ocurre, se corre el riesgo de llegar tarde o de tener una normativa que no conversa bien con la realidad. (Diario Financiero)