Tasa máxima convencional y freno a créditos

Tasa máxima convencional y freno a créditos

El diseño de políticas públicas en el último tiempo ha adoptado como objetivo favorecer a la ciudadanía, propósito por cierto loable, aunque muchas veces las herramientas escogidas terminan por perjudicar a los que eventualmente se buscaba protegerse.

Un ejemplo de esto son los efectos que ha tenido la nueva definición de la Tasa Máxima Convencional (TMC), que desde el 2013 rige en el país. La discusión en esa oportunidad estuvo centrada en reducir la tasa de interés que pagan los que acceden a créditos en el mercado formal, porque existía la noción de que la competencia existente en este mercado no aseguraba tasas de interés acordes a los niveles de riesgo de los consumidores. El legislador buscó asemejar al mercado de créditos de consumo las condiciones que pagan créditos de altos montos.

A primera vista, lo ocurrido parece haberle dado la razón al legislador. La TMC fue cayendo gradualmente de niveles en torno a 50% hasta alcanzar actualmente un techo de 35,5% anual. Sin embargo, este no ha sido el único efecto de la nueva legislación. Según el estudio ‘Regulación de precios en los mercados de crédito: trade-off entre la protección del consumidor y el acceso al crédito’, estimó que la rebaja de la TMC implicó que fueron frenados 151.027 préstamos por año, por unos US$ 361,6 millones, que equivalen al 19% del número de préstamos firmados durante el ejercicio anterior al cambio de regulación (2013).

Tanto este estudio como el elaborado hace unos meses por la SBIF, demuestran que la caída de la TMC ha generado efectos indeseados en el sector financiero, impidiendo el acceso al mercado formal del crédito a personas de segmentos más bajos –con mayor nivel de riesgo-, exponiéndolas a fuentes de financiamiento informal, que no tienen ninguna clase de regulación. En los últimos meses se han multiplicado las modalidades de préstamos informales, exponiendo a la ciudadanía a créditos completamente desregulados y donde la tasa de interés es un problema menor frente a los focos delictivos que traen asociados este tipo de prácticas. Lo adviritió un informe del Banco Mundial (2014), que detalló los efectos que tenía la incorporación de una tasa máxima en la economía: fuga de instituciones financieras de los segmentos socioeconómicos más bajos, incremento en el préstamo ilegal y disminución en la diversidad de productos financieros, entre otros efectos nocivos.

En ese sentido, es importante que en el marco de la agenda de la revolución microeconómica planteada por el Ministerio de Economía se aborde una actualización en los parámetros que definen la TMC, para evitar que nuevas personas abandonen el mercado formal del crédito. De lo contrario, el número de estas personas seguirá en ascenso, elevando el riesgo asociado a sistemas de préstamos totalmente desregulados y concentrando la oferta financiera en sectores de bajo riesgo y altos ingresos. (La Tercera)